Pequeños gestos, grandes ahorros: fumar menos, cuesta menos

Reducir el consumo de café y tabaco puede ayudarnos a ahorrar

Todos incurrimos en esas compras de pocos euros o incluso céntimos que, precisamente por esa razón, nos parecen insignificantes, irrelevantes o inconsecuentes. Sin embargo, al sumarlos todos, adquieren una dimensión muy relevante y con desgraciadas consecuencias. El tabaco es un buen ejemplo: pocos se paran a pensar en el gasto que supone este vicio y aún menos hacen un esfuerzo por reducirlo. Pero sólo requiere un poco de esfuerzo y un mínimo de disciplina. Sobre todo, debemos tomar conciencia de que nosotros, y solo nosotros, controlamos nuestro cuerpo. Parece algo lógico, pero es sorprendente la cantidad de veces que se nos olvida.

Dejar de fumar es difícil, fumar menos no

No se trata ahora de convencer a nadie para que deje de fumar (aunque nunca está de más decirlo: fumar es malo), pero sí podemos ofrecer algo de perspectiva en cuanto a los gastos en los que incurrimos para satisfacer este vicio. Un paquete normal de tabaco cuesta alrededor de 5 euros. Un fumador medio compra entre 3 y 4 paquetes a la semana. En total, el gasto asciende a un mínimo de 80 euros al mes, 900 al año (un fumador más activo gasta casi 140 euros al mes en tabaco, 1600 al año).

Si a esto le sumamos los gastos añadidos por otros vicios (café, refrescos, chicles, bollos, etc.), el resultado asciende a una cantidad considerable de dinero. Pero podemos disminuir este gasto de manera relativamente sencilla y, ya de paso, perjudicar un poco menos nuestra salud y la de los demás. Sabiendo esto, parece un poco absurdo no hacer el esfuerzo o por lo menos intentarlo.

Amos o esclavos de nuestro cuerpo

Debemos aprender a controlar nuestro cuerpo y nuestra mente y no dejarnos llevar por cada impulso o deseo. Muchos diréis que esto es más fácil decirlo que hacerlo. En realidad, es algo que hacemos continuamente, a todas horas, por educación, respeto o sentido común. No podemos controlar todo lo que le ocurre a nuestro cuerpo, pero sí lo que metemos en él.

Ya hemos dicho que no pretendemos convencer aquí a nadie de que deje de fumar, pero sí creemos que es relativamente sencillo reducir el consumo y el gasto en este vicio. La táctica es sencilla: fumar sólo cuando es absolutamente necesario, en lugar de aprovechar cada pausa, espera, paseo, bebida, reunión, encuentro, salida, descanso, interrupción, trayecto o pensamiento de fumar para hacerlo. Debemos ser capaces de decir “no, ahora no”. Hay muchas formas para distraerse: leer un libro, escuchar música, conversar. Podemos hacer pequeños esfuerzos por no fumar cada vez que tomamos café, o siempre antes y siempre después de comer, o cada vez que esperamos el autobús. Podemos incluso hacer un esfuerzo extra por intentar no fumar delante de personas no fumadoras, aunque nos digan que no les molesta.

Pequeños pasos hacia el control

Todos los fumadores consumimos más de lo que realmente nos pide el cuerpo. Aprovechamos cualquier excusa para hacerlo, casi como un acto reflejo, algo que no controlamos. Pero si conseguimos decir “no”, aunque solamente sea de vez en cuando, podremos reducir este gasto de manera considerable. Más aún, tal vez iniciemos el camino hacia dejar de fumar de manera definitiva, abandonar estos gastos para siempre y, ya de paso, sentirnos mejor.

 

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